Este segundo artículo, continuación de ”Desestructurada,”
es un experimento, un intento de desenredar a través de las palabras la mata
de intuiciones, sensaciones y observaciones, que me vienen atravesando de un
tiempo a esta parte. No es un artículo cerrado, no es una opinión en firme ni
una afirmación de cómo son o han de ser las cosas, es un ejercicio de introspección mediante las letras, nada más.
Este pequeño texto es una reflexión sobre cómo
se limita socialmente nuestra capacidad de amar. Sobre cómo esta limitación, pervierte a su vez esta innata capacidad y las
consecuencias que se derivan de ello.
El amor viene definido y regulado
culturalmente en términos que ya conocemos. Sabemos que el modelo de relación de pareja culturalmente definido como norma, es monógamo y heterosexual. La cultura nos bombardea a través de sus
instrumentos de control con ejemplos constantes que inciden en la supuesta naturalidad de este modelo.
Recuerdo la
primera vez que me enamoré de una mujer. Recuerdo como sentía la falta de
canciones, de películas, de imágenes en las que apoyar las emociones que
experimentaba. Recuerdo sentirme “fuera de la clase”, como si me hubiesen
castigado en el pasillo. Esta falta de reconocimiento es un castigo por parte de la cultura mayoritaria, esa que después, con el tiempo, he
despojado de casi toda autoridad y en la cual, no encontrar su reconocimiento
es casi una buena señal. Esta primera experiencia a los 20 años, me sirvió para explicitar en mi cabeza el término “heterosexual”
en esa definición de amor válido. Fui consciente de como nuestra cultura
presiona y encauza la energía para dirigir el deseo hacia la heterosexualidad,
negando, dificultando, invisibilizando, otro tipo de experiencias. Que nuestra
cultura es heterosexista ya lo sabía antes de enamorarme de una mujer, pero en
el aparato que la cultura posee para redirigir el deseo, el amor, era algo en
lo que no me había parado a pensar hasta ese momento. De la crueldad de las
consecuencias de este “canalizar el río del amor” tomé conciencia en este
momento.
A partir de esta experiencia, fue visible
para mí, cuestionada y rechazada la norma cultural acerca del necesario
carácter “heterosexual” del amor. Las
categorías como bisexual, lesbiana, etc. tampoco me interesaron, una vez
identificada la constricción que supone una categoría, una no se mete en otro
corsé…así que desde ese momento, me sentí simplemente amante, mujer
amante con capacidad para amar a otro ser, fuese cual fuese su sexo, pero no me
dio por cuestionar todavía si debía ser de uno en uno o podía ser de otro modo.
Lo que voy a plantear a continuación no pretendo
hacerlo válido para todo el mundo, ni mucho menos, pero sí que necesito abrir
el camino, hacerlo más ancho para que incluya todas las opciones posibles. La
vía de la aceptación siempre en más ligera y fresca que la del rechazo, y lo
que quiero para mí y para mí vida es aumentar mi capacidad de aceptación y esto
siento, solo es posible, ensanchando los márgenes del camino. Si no hacemos ancho el pasillo, es fácil darse con el codo en la pared, y
ya sabemos lo que duele! Ufa!
En este caso siento necesario ensanchar el
camino de las posibilidades de vivir el amor más allá de la monogamia, sin
rechazar tampoco esta opción. Para quien la opción de la monogamia no es un
modelo socialmente impuesto, no es “lo correcto”, no es el “así es como debe
ser”, sino una opción más dentro del abanico de opciones que en
un momento dado, se elige libremente experimentar como vía de crecimiento, es
perfecto que así sea! Con este texto no critico la monogamia como opción
libremente elegida.
Con este escrito analizo lo que sin embargo, hay detrás de los sin sabores del amor a los que nos hemos acostumbrado. Lo que hay detrás de la amargura, de los celos, de la mentira, de la culpa, de la frustración, de la falta de aire, del hastío, de la rabia, del sentirse traicionadx, de lo emocionalmente plano, de la sensación de haberse perdido por el camino, del aburrimiento, del juego del ratón y el gato que hay en la cotidianidad y normalidad de tantas y tantas parejas para las que la monogamia, no es una opción, es la norma. Para quienes la monogamia es la condición básica del amor. El modelo monógamo de pareja, cuando es impuesto o autoimpuesto, puede ser una fuente de frustración y el origen de las dinámicas poco o nada saludables con las que nos hemos acostumbrado a convivir.
Una querida amiga me decía, “yo siento que sería capaz de abrazar a much@s”. Esa frase puso mi mundo del revés…Somos capaces de abrazar a much@s, es cierto, conecté con esa sensación... somos capaces de amar tanto y tanto y tanto…Cuándo una se permite entrar en comunión con otro ser, amar a otro ser, solo puede nacer el Bien…la experiencia nos demuestra que esta resonancia siempre es para bien, nos hace crecer, nos devuelve a la edad de la inocencia, nos hace mejores personas…lo hemos experimentado todxs…las mariposas en la barriga, la electricidad increíble ante el roce de un cuerpo deseado, la sonrisa que se dibuja al escuchar hablar a quien amas, la mirada embelesada del otro o de la otra que te observa fascinadx, disfrutar con los ojos cerrados recreando escenas vividas, contar los minutos que faltan hasta el siguiente encuentro, reactivar todas las células del cuerpo ante un olor conocido…es de una belleza y de una profundidad genuinamente humana, divinamente humana y natural….no se fuerza, no se provoca, no se estudia... un día llega a tu cuerpo la ola y te lleva…estas emociones son nobles, son sagradas….es la experiencia pura de la comunión con otro ser…y el paisaje humano, que es increíblemente rico, nos permite disfrutar de estas delicias a diario, gratuitamente, es el jardín del edén antes de ser expulsadxs…dónde está la malicia?
Con este escrito analizo lo que sin embargo, hay detrás de los sin sabores del amor a los que nos hemos acostumbrado. Lo que hay detrás de la amargura, de los celos, de la mentira, de la culpa, de la frustración, de la falta de aire, del hastío, de la rabia, del sentirse traicionadx, de lo emocionalmente plano, de la sensación de haberse perdido por el camino, del aburrimiento, del juego del ratón y el gato que hay en la cotidianidad y normalidad de tantas y tantas parejas para las que la monogamia, no es una opción, es la norma. Para quienes la monogamia es la condición básica del amor. El modelo monógamo de pareja, cuando es impuesto o autoimpuesto, puede ser una fuente de frustración y el origen de las dinámicas poco o nada saludables con las que nos hemos acostumbrado a convivir.
Una querida amiga me decía, “yo siento que sería capaz de abrazar a much@s”. Esa frase puso mi mundo del revés…Somos capaces de abrazar a much@s, es cierto, conecté con esa sensación... somos capaces de amar tanto y tanto y tanto…Cuándo una se permite entrar en comunión con otro ser, amar a otro ser, solo puede nacer el Bien…la experiencia nos demuestra que esta resonancia siempre es para bien, nos hace crecer, nos devuelve a la edad de la inocencia, nos hace mejores personas…lo hemos experimentado todxs…las mariposas en la barriga, la electricidad increíble ante el roce de un cuerpo deseado, la sonrisa que se dibuja al escuchar hablar a quien amas, la mirada embelesada del otro o de la otra que te observa fascinadx, disfrutar con los ojos cerrados recreando escenas vividas, contar los minutos que faltan hasta el siguiente encuentro, reactivar todas las células del cuerpo ante un olor conocido…es de una belleza y de una profundidad genuinamente humana, divinamente humana y natural….no se fuerza, no se provoca, no se estudia... un día llega a tu cuerpo la ola y te lleva…estas emociones son nobles, son sagradas….es la experiencia pura de la comunión con otro ser…y el paisaje humano, que es increíblemente rico, nos permite disfrutar de estas delicias a diario, gratuitamente, es el jardín del edén antes de ser expulsadxs…dónde está la malicia?
Sin embargo, el modelo de monogamia impuesto
censura y prohíbe vivir este tipo de experiencias fuera de la relación de
pareja. Presupone que no será necesario vivir la comunión con otros seres una vez iniciada una relación monógama y que
en caso de que nazca el deseo de establecer una nueva relación, se sacrificará, se
ahogará el impulso a favor del mantenimiento de la monogamia. Pero
la humanidad no del todo perdida en la norma social, continúa expresándose tambaleando la que nos habían definido como "natural" monogamia. Yo me pregunto, ¿para quién establece la norma, es natural la monogamia? o ¿no lo es, pero se convierte en lo conveniente? Y si no es natural, pero es conveniente, ¿a quién y para qué le conviene ahogar y redirigir nuestra capacidad de amar?
Nos dicen, o creemos, que cuándo amamos a varias personas esto es la prueba evidente de que el “amor con tu
pareja” se ha terminado, pero no siempre es así….el amor no “se termina”, la
capacidad de amar es infinita…¿Cómo se puede ser tan neci@ de creer que este maravilloso
don es finito y se puede medir y contar?, ¿cómo somos tan limitadamente “bidimensionales”? La realidad es una gran espiral de infinitas dimensiones y el amor todo
lo abarca. Viene, va, te atraviesa, se expresa de numerosos modos…¿Qué significa
que el amor hacia un ser ha terminado porque nace amor hacia otro? ¿No es
reducir terriblemente la capacidad
divina de amar?
Cuándo por los motivos que sean, se decide no
dar cabida a esta nueva experiencia, nos “automutilamos”, nos ”autonegamos” el
aire mismo que respiramos y nos “autoprohibimos” lo que por derecho natural nos fue dado, sintiendo
frustración en el mejor de los casos y sensación de sacrificio en el peor, generando dinámicas donde
primeramente nos autocastramos para después exigir una castración de la pareja,
comparando constantemente el grado de castración mútua y exigiendo más
autoinmolación al otro o a la otra cuándo consideramos que su sacrificio es
menor al que ya hemos hecho nosotrxs. Nos cortamos las manos y nos sacamos los
ojos y le hacemos lo propio a la pareja a la que decimos amar. Lo hacemos en nombre del amor, despojándolo de su grandeza y haciéndolo añicos con suspicacias, control y espionaje. Si en alguna de
estas ocasiones en las que el impulso apremia, una de las dos partes es sorprendida compartiendo tiempo y afectos
con otra persona, este gesto será categorizado como una traición del más alto nivel que
garantizará el odio de por vida por parte de la persona traicionada. ¿Dónde está
el amor en este tipo de dinámicas? ¿Dónde está el deseo de bien para mí y para
quién amo si lo que espero de la otra persona es una autoinmolación de su deseo de amar?
El impulso natural de establecer
relaciones es humanamente potente y continúa pulsando, continúa latiendo
en el pecho, continúa sorprendiéndonos en ocasiones inesperadas. Si el impulso
es suficientemente fuerte como para iniciar una nueva relación a pesar del
modelo de monogamia obligatorio, y queremos evitar la tragedia que sigue a la “traición”,
recurriremos a la mentira y al escondite, sintiendo culpa de mostrarnos clarxs con quien amamos, de
engañar a quien comparte con nosotrxs altos grados de verdad. En la mentira y
el la culpa, consecuencias de mantener en pié la estructura monógama, tampoco hay amor. El impulso natural y sagrado de amar se ve
deformado, degenerado debido a la norma impuesta de la monogamia. Lo que podía
haber sido amor, se convierte en una caricatura, en un disfraz horrendo de
mentiras, vergüenzas y reproches.
La monogamia heterosexual impuesta tiene un
origen cultural y unas razones de existir que darían para otro texto. La
monogamia a secas, también tiene sus razones de existir que no entro a analizar en este momento. Lo que me
interesaba en este artículo era desmontar son las consecuencias que de este modelo impuesto se derivan, la instrumentalización de la pareja que se
genera a veces en este tipo de relaciones, el sentimiento de posesión sobre
otra persona y la tendencia a la cosificación de un ser que consideramos
propiedad. La persona amante, se vuelve vigilante, desconfiada, espía, jueza….y
en lugar de amar a brazos abiertos, se mantiene en estado de alerta permanente
de sus propias emociones y de las ajenas. En nombre de amor, lo que dejamos de hacer, es amar.
Sobrevivimos muert@s de hambre y de sed…los
ojos nublados de normas no se permiten ver la realidad en todo su
esplendor. Con un afán masoquista y sádico sufrimos y hacemos sufrir apretando
el nudo de las condiciones impuestas en las relaciones. Empequeñecemos nuestra
grandeza con vidas llenas de suspiros y de faltas.
¿Y cómo sería si NOS permitiésemos Amar,
infinitamente Amar, a cada momento Amar, desplegar del todo NUESTRA divina
capacidad?. ¿Cómo sería si también LE permitiésemos Amar, a cada momento Amar, desplegar del todo SU divina capacidad, a la persona (o personas) a quien amamos?¿Y cómo sería no limitar ni
categorizar el Amor, no reducirlo a pocos o muchos modelos, no reducirlo a ningún modelo, dejarlo Ser sin más? ¿Cómo
sería si nos supiésemos libres de regresar a la edad de la inocencia?
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