13 de marzo de 2014

La monogamia obligatoria y la expulsión del paraiso

Este segundo artículo, continuación de ”Desestructurada,” es un experimento, un intento de desenredar a través de las palabras la mata de intuiciones, sensaciones y observaciones, que me vienen atravesando de un tiempo a esta parte. No es un artículo cerrado, no es una opinión en firme ni una afirmación de cómo son o han de ser las cosas, es un ejercicio de introspección mediante las letras, nada más. 

Este pequeño texto es una reflexión sobre cómo se limita socialmente nuestra capacidad de amar. Sobre cómo esta limitación, pervierte a su vez esta innata capacidad y las consecuencias que se derivan de ello.

El amor viene definido y regulado culturalmente en términos que ya conocemos. Sabemos que el modelo de relación de pareja culturalmente definido como norma, es monógamo y heterosexual. La cultura nos bombardea a través de sus instrumentos de control con ejemplos constantes que inciden en la supuesta naturalidad de este modelo. 

Recuerdo la primera vez que me enamoré de una mujer. Recuerdo como sentía la falta de canciones, de películas, de imágenes en las que apoyar las emociones que experimentaba. Recuerdo sentirme “fuera de la clase”, como si me hubiesen castigado en el pasillo. Esta falta de reconocimiento es un castigo por parte de la cultura mayoritaria, esa que después, con el tiempo, he despojado de casi toda autoridad y en la cual, no encontrar su reconocimiento es casi una buena señal. Esta primera experiencia a los 20 años, me sirvió para explicitar en mi cabeza el término “heterosexual” en esa definición de amor válido. Fui consciente de como nuestra cultura presiona y encauza la energía para dirigir el deseo hacia la heterosexualidad, negando, dificultando, invisibilizando, otro tipo de experiencias. Que nuestra cultura es heterosexista ya lo sabía antes de enamorarme de una mujer, pero en el aparato que la cultura posee para redirigir el deseo, el amor, era algo en lo que no me había parado a pensar hasta ese momento. De la crueldad de las consecuencias de este “canalizar el río del amor” tomé conciencia en este momento.

A partir de esta experiencia, fue visible para mí, cuestionada y rechazada la norma cultural acerca del necesario carácter “heterosexual” del amor.  Las categorías como bisexual, lesbiana, etc. tampoco me interesaron, una vez identificada la constricción que supone una categoría, una no se mete en otro corsé…así que desde ese momento, me sentí simplemente amante, mujer amante con capacidad para amar a otro ser, fuese cual fuese su sexo, pero no me dio por cuestionar todavía si debía ser de uno en uno o podía ser de otro modo.

Lo que voy a plantear a continuación no pretendo hacerlo válido para todo el mundo, ni mucho menos, pero sí que necesito abrir el camino, hacerlo más ancho para que incluya todas las opciones posibles. La vía de la aceptación siempre en más ligera y fresca que la del rechazo, y lo que quiero para mí y para mí vida es aumentar mi capacidad de aceptación y esto siento, solo es posible, ensanchando los márgenes del camino. Si no hacemos ancho el pasillo,  es fácil darse con el codo en la pared, y ya sabemos lo que duele! Ufa!

En este caso siento necesario ensanchar el camino de las posibilidades de vivir el amor más allá de la monogamia, sin rechazar tampoco esta opción. Para quien la opción de la monogamia no es un modelo socialmente impuesto, no es “lo correcto”, no es el “así es como debe ser”, sino una  opción más dentro del abanico de opciones que en un momento dado, se elige libremente experimentar como vía de crecimiento, es perfecto que así sea! Con este texto no critico la monogamia como opción libremente elegida. 

Con este escrito analizo lo que sin embargo, hay detrás de los sin sabores del amor a los que nos hemos acostumbrado. Lo que hay detrás de la amargura, de los celos, de la mentira, de la culpa, de la frustración, de la falta de aire, del hastío, de la rabia, del sentirse traicionadx, de lo emocionalmente plano, de la sensación de haberse perdido por el camino, del aburrimiento, del juego del ratón y el gato que hay en la cotidianidad y normalidad de tantas y tantas parejas para las que la monogamia, no es una opción, es la norma. Para quienes la monogamia es la condición básica del amor. El modelo monógamo de pareja, cuando es impuesto o autoimpuesto, puede ser una fuente de frustración y el origen de las dinámicas poco o nada saludables con las que nos hemos acostumbrado a convivir.

Una querida amiga me decía, “yo siento que sería capaz de abrazar a much@s”. Esa frase puso mi mundo del revés…Somos capaces de abrazar a much@s, es cierto, conecté con esa sensación... somos capaces de amar tanto y tanto y tanto…Cuándo una se permite entrar en comunión con otro ser, amar a otro ser, solo puede nacer el Bien…la experiencia nos demuestra que esta resonancia siempre es para bien, nos hace crecer, nos devuelve a la edad de la inocencia, nos hace mejores personas…lo hemos experimentado todxs…las mariposas en la barriga, la electricidad increíble ante el roce de un cuerpo deseado, la sonrisa que se dibuja al escuchar hablar a quien amas, la mirada embelesada del otro o de la otra que te observa fascinadx, disfrutar con los ojos cerrados recreando escenas vividas, contar los minutos que faltan hasta el siguiente encuentro, reactivar todas las células del cuerpo ante un olor conocido…es de una belleza y de una profundidad genuinamente humana, divinamente humana y natural….no se fuerza, no se provoca, no se estudia... un día llega a tu cuerpo la ola y te lleva…estas emociones son nobles, son sagradas….es la experiencia pura de la comunión con otro ser…y el paisaje humano, que es increíblemente rico, nos permite disfrutar de estas delicias a diario, gratuitamente, es el jardín del edén antes de ser expulsadxs…dónde está la malicia?

Sin embargo, el modelo de monogamia impuesto censura y prohíbe vivir este tipo de experiencias fuera de la relación de pareja. Presupone que no será necesario vivir la comunión con otros seres una vez iniciada una relación monógama y que en caso de que nazca el deseo de establecer una nueva relación, se sacrificará, se ahogará el impulso a favor del mantenimiento de la monogamia. Pero la humanidad no del todo perdida en la norma social, continúa expresándose tambaleando la que nos habían definido como "natural" monogamia. Yo me pregunto, ¿para quién establece la norma, es natural la monogamia? o ¿no lo es, pero se convierte en lo conveniente? Y si no es natural, pero es conveniente, ¿a quién y para qué le conviene ahogar y redirigir nuestra capacidad de amar?

Nos dicen, o creemos, que cuándo amamos a varias personas esto es la prueba evidente de que el “amor  con tu pareja” se ha terminado, pero no siempre es así….el amor no “se termina”, la capacidad de amar es infinita…¿Cómo se puede ser tan neci@ de creer que este maravilloso don es finito y se puede medir y contar?, ¿cómo somos tan limitadamente “bidimensionales”? La realidad es una gran espiral de infinitas dimensiones y el amor todo lo abarca. Viene, va, te atraviesa, se expresa de numerosos modos…¿Qué significa que el amor hacia un ser ha terminado porque nace amor hacia otro? ¿No es reducir  terriblemente la capacidad divina de amar?

Cuándo por los motivos que sean, se decide no dar cabida a esta nueva experiencia, nos “automutilamos”, nos ”autonegamos” el aire mismo que respiramos y nos “autoprohibimos” lo que por derecho natural nos fue dado, sintiendo frustración en el mejor de los casos y sensación de sacrificio en el peor, generando dinámicas donde primeramente nos autocastramos para después exigir una castración de la pareja, comparando constantemente el grado de castración mútua y exigiendo más autoinmolación al otro o a la otra cuándo consideramos que su sacrificio es menor al que ya hemos hecho nosotrxs. Nos cortamos las manos y nos sacamos los ojos y le hacemos lo propio a la pareja a la que decimos amar. Lo hacemos en nombre del amor, despojándolo de su grandeza y haciéndolo añicos con suspicacias, control y espionaje. Si en alguna de estas ocasiones en las que el impulso apremia, una de las dos partes es sorprendida compartiendo tiempo y afectos con otra persona, este gesto será categorizado como una traición del más alto nivel que garantizará el odio de por vida por parte de la persona traicionada. ¿Dónde está el amor en este tipo de dinámicas? ¿Dónde está el deseo de bien para mí y para quién amo si lo que espero de la otra persona es una autoinmolación de su deseo de amar?

El impulso natural de establecer relaciones es humanamente potente y continúa pulsando, continúa latiendo en el pecho, continúa sorprendiéndonos en ocasiones inesperadas. Si el impulso es suficientemente fuerte como para iniciar una nueva relación a pesar del modelo de monogamia obligatorio, y queremos evitar la tragedia que sigue a la “traición”, recurriremos a la mentira y al escondite, sintiendo culpa  de mostrarnos clarxs con quien amamos, de engañar a quien comparte con nosotrxs altos grados de verdad. En la mentira y el la culpa, consecuencias de mantener en pié la estructura monógama, tampoco hay amor. El impulso natural y sagrado de amar se ve deformado, degenerado debido a la norma impuesta de la monogamia. Lo que podía haber sido amor, se convierte en una caricatura, en un disfraz horrendo de mentiras, vergüenzas y reproches.

La monogamia heterosexual impuesta tiene un origen cultural y unas razones de existir que darían para otro texto. La monogamia a secas, también tiene sus razones de existir que no entro a analizar en este momento. Lo que me interesaba en este artículo era desmontar son las consecuencias que de este modelo impuesto se derivan,  la instrumentalización de la pareja que se genera a veces en este tipo de relaciones, el sentimiento de posesión sobre otra persona y la tendencia a la cosificación de un ser que consideramos propiedad. La persona amante, se vuelve vigilante, desconfiada, espía, jueza….y en lugar de amar a brazos abiertos, se mantiene en estado de alerta permanente de sus propias emociones y de las ajenas. En nombre de amor, lo que dejamos de hacer, es amar.

Sobrevivimos muert@s de hambre y de sed…los ojos nublados de normas no se permiten ver la realidad en todo su esplendor. Con un afán masoquista y sádico sufrimos y hacemos sufrir apretando el nudo de las condiciones impuestas en las relaciones. Empequeñecemos nuestra grandeza con vidas llenas de suspiros y de faltas.

¿Y cómo sería si NOS permitiésemos Amar, infinitamente Amar, a cada momento Amar, desplegar del todo NUESTRA divina capacidad?. ¿Cómo sería si también LE permitiésemos Amar, a cada momento Amar, desplegar del todo SU divina capacidad, a la persona (o personas) a quien amamos?¿Y cómo sería no limitar ni categorizar el Amor, no reducirlo a pocos o muchos modelos, no reducirlo a ningún modelo, dejarlo Ser sin más?  ¿Cómo sería si nos supiésemos libres de regresar a la edad de la inocencia?



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