12 de junio de 2014

¿Para qué te prepara tu preparación al parto?

Durante el embarazo hacemos preparación al parto. Acudimos a cursos, leemos, nos informamos para prepararnos para parir. Pero que significa estar preparada para parir? Cuándo consideramos que ya estamos preparadas?
En este momento histórico que atravesamos la humanidad, al menos aquí en occidente, prepararse para parir es un arduo trabajo…

En realidad nuestro cuerpo no necesita ninguna preparación especial para parir. Ha sido perfectamente diseñado por la naturaleza para poder llevar a cabo esta tarea, así como lo está para hacer la digestión. Llegado el momento, el parto se desencadena sin pedirnos permiso. Es algo que nos sucede. Parir es un acto involuntario.

Nosotras podemos vivir el embarazo de espaldas a este hecho, pero la realidad es que un día cualquiera, el parto nos sorprende. Las contracciones se inician, y se suceden, abren el útero, la criatura desciende y nace, poco después se alumbra la placenta, y ya…y nosotras, dónde estamos? Nosotras nos sorprendemos, nos asustamos, nos maravillamos, nos rebelamos ante este rapto. Alguna fuerza increíble se ha apoderado de nuestro cuerpo, y nos abre, nos va abriendo, queramos o no, nos apetezca en ese momento o no, estemos preparadas o no.

Prepararse para el parto es precisamente, prepararse para aceptar el rapto y no vivirlo como un rapto, vivirlo como una entrega. Prepararse para el parto es estar preparada para entregarse entera, para volverse una observadora consciente de lo que le está sucediendo a nuestro cuerpo y a nuestra mente. Prepararse para el parto es tomar la decisión consciente y responsable de saltar al vacío sin saber si habrá red. Si no nos lanzamos al vacío voluntariamente, el parto llegará y nos empujará de igual modo y de igual modo, no sabremos si habrá red, solo que en lugar de caer abiertas, confiadas y serenas, lo haremos muertas de miedo.

El parto es un rito de paso. A nivel físico, emocional y social, es un rito de paso. La vida, el cuerpo, la psique de las mujeres cambia después de esta experiencia trance, de ahí el duelo profundo que se vive en el postparto, el duelo por lo que mutó para siempre. En los cursos habituales de preparación al parto y en los manuales, se empieza a abordar este hecho. Se comienza a tener el cuenta que el parto significa un antes y un después,  que al finalizar la cuarentena, la vida no volverá a ser como antes de parir y que a veces, cuando las mujeres se dan cuenta de ello sufren y se requiere un tiempo y un trabajo para reajustar la realidad a las expectativas que se tenían. Es decir, el enfoque de la preparación al parto deja de ser meramente biológico para pasar a ser también, psicosocial.
Pero aún habiéndose ampliado la visión de lo que el parto significa en la vida de las mujeres, sigue sin atenderse aún el que yo considero el aspecto fundamental de la preparación al parto. Y no se atiende porque es precisamente el no atenderlo, uno de los rasgos característicos de occidente.  Este es el aspecto espiritual del parto.

Como aspecto espiritual no me estoy refiriendo a religioso, me estoy refiriendo al Misterio. A la parte de Misterio con la que a duras penas convivimos en occidente. Nuestra cosmovisión es profundamente racionalista y prepotente. Creemos que la razón es la única vía de acceso al conocimiento por un lado, y por otro creemos que controlamos o potencialmente podríamos controlar la realidad. Soltar ambas creencias es lo que se pone en juego en el trance del parto.
Pero precisamente,  para reforzar ambas ideas en lugar de para soltarlas, es para lo que (consciente o inconscientemente) se estructuran la mayoría de las clases “convencionales” de preparación al parto. Y pasamos clases y sesiones planteando posibles problemas y soluciones aumentando nuestra sensación de control y alimentando a su vez la ansiedad y el miedo que hay, en el fondo, detrás de la necesidad de tener el control sobre todo.

Las preparaciones al parto “alternativas”, aunque aparentemente diferentes, están estructuradas sobre la misma diada “miedo-necesidad de control”. Ante un posible problema, se plantean soluciones que difieren a las convencionales porque nos parecen más seguras y tenemos miedo a perder el control. Las preparaciones al parto a veces generan la ansiedad de quien se enfrenta a un examen y tiene que aprenderse de antemano todas las posibles preguntas y sus respuestas correctas. Pero no nos suelen decir, que está bien saber todas estas cosas, pero que hay preguntas que no conocemos y respuestas que no imaginamos y que puede que ese día nos las encontremos de frente. Ese es el gran reto del trance del parto, lo que requiere una verdadera preparación.
Al parto le pasa, como al resto de la vida, que incluye dos aspectos sobre los que hemos de ser conscientes para un buen parir-vivir. Hay una parte que controlamos en cierta manera y sobre la que tenemos la tarea de responsabilizarnos (informarnos, tomar decisiones, asumir las consecuencias…) y hay una parte que no controlamos y sobre la que tenemos la tarea de entregarnos (desapegarnos, soltar, confiar, aceptar…). Prepararnos para parir implica conocer estas dos facetas, asumir la responsabilidad de la parte de la que nos tenemos que hacer cargo, y aceptar con serenidad la parte de misterio con la que nos veremos las caras.

Como doula, entiendo el parto como posible vía de trascendencia ya que, así como otras vías que las diferentes escuelas y tradiciones místicas nos presentan a la humanidad, el parto nos coloca o nos puede colocar a las mujeres en la situación que nos permita vivir la experiencia mística por excelencia: experimentarnos como el Ser que observa lo que le sucede al cuerpo, a la mente y a las emociones con las que hasta ese momento nos habíamos identificado. En el parto podemos tener la experiencia viva y real, de lo que hasta ese momento había sido solo un conocimiento teórico. Grande oportunidad hermanitas que llevarnos ya para siempre en la mochila…
Desde que el parto pasó de suceder en la intimidad del hogar, en contacto directo con el Misterio, con la humildad y el saber de las parteras y la fuerza de las parturientas para pasar a desarrollarse en el contexto hospitalario, el hecho de parir ha sido progresivamente desacralizado, racionalizado y controlado. La realidad bajo esa ilusión, es que el parto sigue siendo un hecho sagrado, no racional y que puede ser, como mucho observado. Las intervenciones médicas rutinarias en la atención al parto normal, mantienen a la comunidad científica en su ilusión de control y sabiduría, pasando por encima (solo ilusoriamente) del Misterio y de la parturienta y ejerciendo, en muchos casos, verdaderos actos de violencia para con las mujeres y sus criaturas. En este contexto, es normal y justo que las mujeres exijan autodeterminación y derecho a ser las protagonistas de sus partos. El progresivo aumento en la toma de conciencia nos permite responsabilizarnos de nuevo de nuestros cuerpos y de sus procesos, y tomar las decisiones que correspondan sobre la atención y el modelo de parto que deseamos. Este era un paso necesario y se va dando. Pero yo propongo dar uno más…

Ser conscientes de la parte de responsabilidad que nos compete en el parto y asumirla, es estupendo y ha de ser así. Pero si no aceptamos con serenidad la experiencia íntegra que incluye el “no control”  caeremos en la misma ilusión preparándonos al parto tratando de atar todos los cabos, de tener todas las respuestas, diseñando los planes A,B, C y D antes de que….antes de que llegue el parto y te sorprenda, te sorprenda ante tu ilusión y veas, por fín veas, que no controlabas todo, que nadie controla en esta situación totalmente…el parto se desencadena y tu no has decidido que hoy, a las 15.18 mientras lees el último libro sobre parto en el agua, se desprenda tu tapón mucoso…ahora solo puedes observar lo que le pasa a tu cuerpo, confiar y entregarte…te habías preparado para eso? que tengas un buen trance hermanita...nos vemos a la vuelta!

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